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CUSCO, ENTRE LOS HUECOS DE SUS PISTAS Y LAS PROMESAS DE SUS AUTORIDADES

Las calles deterioradas ponen en riesgo a conductores y peatones, mientras la ciudadanía espera soluciones concretas y una gestión municipal que deje de postergar el mantenimiento vial.

Recorrer las calles del Cusco se ha convertido, en determinados sectores, en una prueba de paciencia y habilidad al volante. Los huecos en las pistas, el pavimento deteriorado y las reparaciones que parecen no llegar evidencian un problema que afecta diariamente a conductores, transportistas, motociclistas, ciclistas y peatones. Lo que debería ser una infraestructura destinada a facilitar la movilidad se transforma, muchas veces, en un obstáculo que amenaza la seguridad y castiga la economía de los ciudadanos.

La pregunta resulta inevitable: ¿hasta cuándo los vecinos tendrán que acostumbrarse a esquivar baches como si fueran parte natural del paisaje urbano?

El deterioro de las vías no es un asunto menor. Un hueco puede provocar daños en neumáticos, llantas, suspensión y otros componentes de los vehículos. Para quienes trabajan al volante, cada desperfecto representa un gasto adicional que reduce sus ingresos. Para los motociclistas y ciclistas, el riesgo puede ser todavía mayor, especialmente durante la noche o cuando la lluvia dificulta distinguir las irregularidades del pavimento.

Pero el problema va más allá de las molestias individuales. Una ciudad con pistas deterioradas pierde tiempo, competitividad y calidad de vida. El tránsito se vuelve más lento, aumentan las maniobras peligrosas y se deteriora la imagen urbana de una capital histórica que recibe visitantes nacionales y extranjeros durante todo el año.

Lo más preocupante es que el mantenimiento vial no debería depender de la indignación vecinal ni de la difusión de fotografías en las redes sociales. Las autoridades municipales tienen la responsabilidad de identificar los puntos críticos, establecer prioridades y ejecutar intervenciones oportunas. Esperar a que un accidente grave exponga las consecuencias de una pista abandonada sería una forma inaceptable de administrar los riesgos.

Tampoco basta con rellenar apresuradamente los huecos para presentar una solución inmediata. Las reparaciones deben responder a criterios técnicos, utilizar materiales adecuados y garantizar su durabilidad. De lo contrario, el problema reaparece después de poco tiempo y los recursos públicos terminan destinados a trabajos repetitivos que no resuelven la causa del deterioro.

En este escenario, corresponde a las municipalidades informar qué vías serán intervenidas, cuánto presupuesto se destinará al mantenimiento y cuáles son los plazos establecidos. La ciudadanía tiene derecho a conocer los planes de trabajo y exigir resultados verificables. La fiscalización de los recursos públicos debe ser una práctica permanente, no una reacción ocasional ante las quejas.

Cusco no puede conformarse con tener monumentos admirados por el mundo mientras sus calles presentan condiciones deficientes para quienes las utilizan todos los días. El desarrollo urbano también se mide en pistas seguras, veredas transitables y obras ejecutadas con responsabilidad.

Las autoridades deben entender que cada hueco sin reparar representa una deuda con la población. Los vecinos no necesitan más explicaciones ni promesas repetidas: necesitan calles transitables y soluciones duraderas.

Una ciudad que aspira a ser moderna no puede seguir avanzando a saltos entre los baches. Cusco merece pistas dignas y autoridades que respondan por ellas.

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