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Pedro Pablo Kuczynski: crónica de una muerte anunciada

Pedro Pablo Kuczynski se va en su momento más bajo de popularidad (17%). La gente quería ver a un presidente que se ensuciara los zapatos, que tomara decisiones y actuara, pero nunca tuvo un rol activo. Al contrario, su gobierno se caracterizó por favorecer únicamente a la gran empresa extranjera en desme­dro de la mayoría de peruanos.

Y ahora, resignado, por no contar con el apoyo de la mayoría de bancadas parlamentarias, el renunciante presidente PPK evitó vivir una demoledora jornada de despido masivo en el Congreso y comunicó, oportu­namente al país, su renuncia al cargo.

Kuczynski anunció su decisión solo horas después de que Fuerza Popular, una de las agrupaciones políti­cas que pedía su salida, presentara videos en los que se mostraba a legisladores kenjistas persuadiendo al fujimorista Moisés Mamani para que vote en contra de la vacancia. Este fue el último empujón hacia el abismo.

¿Pero cuáles fueron los hechos que precipitaron, poco a poco, la caída de su gobierno? Las explicaciones son muchas.

Sin duda alguna, en primer lugar, los negocios con la brasileña Odebrecht, así como su relación con West­field y Odebrecht, los trabajos con Gerardo Sepúl­veda. De igual modo, el informe de la UIF, el indulto a Alberto Fujimori, la palabra de Jorge Barata y la relación entre PPK y Hunt Oil.

Esos detonantes, al final fueron los que terminaron con una gestión que solo duró un año y ocho me­ses. Tiempo antes, el Gobierno ya había sido herido con las esquirlas de otras bombas mediáticas que se activaron durante ese periodo. Pero PPK siempre se opuso a dar un paso al costado, a pesar de que tras cada escándalo se quedaba con menos apoyo.

Y ante tanta avalancha de denuncias, dos de los facto­res principales, sin duda alguna fueron la relación que tuvo Kuczynski con Odebrecht. Solo hay que recordar que ese punto fue la causal de las dos mociones de vacancia que presentaron en su contra. En octubre de 2017, el mandatario negó haber tenido algún vínculo con la firma brasileña, pero en noviembre de ese año, Marcelo Odebrecht dijo a fiscales peruanos que su empresa contrató a PPK como consultor.

Asimismo, la decisión de la Fiscalía Anticorrupción que reabrió una investigación a Kuczynski, por el de­lito de colusión por la concesión del Lote 56 al consor­cio Camisea en 2004. Este consorcio está integrado por Hunt Oil, firma que PPK asesoró en 2003, un año antes de que regresara a ser ministro de Estado y fir­me la adjudicación del lote. Para el Ministerio Público, existen evidencias de que el ex mandatario favoreció a la compañía.

Como vemos, el ahora ex mandatario se vio obliga­do a dimitir por varios temas, teniendo como ‘cereza sobre la torta’ la divulgación de los videos, pese a que su situación ya era complicada para ese instante. Reiteramos, también le pasó factura su relación con Odebrecht y las asesorías de su empresa Westfield con la constructora y, ahora quedará a merced de la Fiscalía. Y tal como lo dice el analista político Fernan­do Tuesta Soldevilla: “En la soledad absoluta, Pedro Pablo Kuczynski renunció a la presidencia luego de casi veinte meses en el cargo, con un altísimo re­chazo de su desempeño, con un mensaje a la nación que sirvió para escuchar que responsabilizaba de los problemas del país a sus ocasionales opositores, que ciertamente en parte la tienen, pero ninguna palabra de arrepentimiento, autocrítica y menos disculpa a sus votantes por haber creado expectativas que rápi­damente fueron frustradas. Así se fue PPK, sin pena ni gloria, por la puerta trasera de Palacio de Gobier­no. Su permanencia en el cargo llegó a ser, pues, in­sostenible”. Los peruanos seguimos equivocándonos. Así sea.

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